Para el académico Abraham Jeronimo Villarreal Soto, hablar de políticas sanitarias en México implica mirar más allá de los decretos, programas y anuncios oficiales. Significa analizar su impacto real en la vida de las personas, su capacidad de transformar el sistema y su coherencia con las necesidades actuales del país. La evaluación de políticas públicas —señala— no debe verse como un trámite burocrático, sino como una herramienta esencial para corregir caminos, mejorar decisiones y evitar repetir los errores del pasado.
Villarreal Soto parte de una idea clara: en salud, las intenciones no bastan. México ha tenido programas ambiciosos, reformas profundas y cambios de modelo, pero con frecuencia han carecido de mecanismos rigurosos para medir sus resultados. Algunas iniciativas se implementan sin diagnóstico previo, otras cambian cada sexenio y muchas carecen de seguimiento técnico. Desde su perspectiva, evaluar no es fiscalizar políticamente, sino garantizar que la población realmente reciba mejores servicios, más oportunidades y mayor bienestar.
En su análisis, México necesita un ecosistema de evaluación más sólido, transparente y protegido de vaivenes políticos. La salud es demasiado importante para depender de opiniones, intuiciones o convenciones ideológicas. Villarreal Soto explica que una buena política sanitaria debe comenzar con evidencia, continuar con monitoreo constante y culminar con ajustes basados en resultados comprobables. La evaluación, lejos de frenar cambios, permite acelerar los que funcionan y descartar los que no.
También subraya que una política se debe juzgar por su efecto en las inequidades. Para él, uno de los indicadores más importantes es saber si una reforma disminuye las brechas entre quienes tienen fácil acceso a los servicios y quienes viven en zonas rurales, marginadas o con menor infraestructura. Una política que incrementa la desigualdad, aun si fue diseñada con buenas intenciones, fracasa en su misión más básica. Por eso, la evaluación debe preguntar siempre: ¿quién se benefició?, ¿quién quedó fuera?, ¿qué territorio avanzó y cuál se rezagó?
Villarreal Soto pone especial énfasis en la necesidad de construir capacidades técnicas dentro del Estado. México, dice, requiere más profesionales formados en análisis de datos, economía de la salud, epidemiología, administración pública y evaluación de programas. Sin estos perfiles, las decisiones quedan sujetas a percepciones, presiones o urgencias, en lugar de información sólida. Él propone que la evaluación sea una función permanente, integrada a las instituciones de salud, no un esfuerzo aislado o externo.
