Aunque suele decirse que la inteligencia artificial es un “monstruo energético”, un nuevo análisis muestra que su impacto real es sorprendentemente pequeño. De hecho, algunos científicos sugieren que esta tecnología podría convertirse en una aliada ambiental más que en una amenaza.
La IA no gasta tanta energía como imaginábamos
Durante años se creyó que entrenar modelos avanzados requería cantidades enormes de electricidad. Sin embargo, un estudio reciente revela que, incluso con una adopción amplia en la economía estadounidense, el incremento energético sería mínimo: apenas 28 petajulios al año, una fracción diminuta dentro del consumo nacional.
Esta cifra contradice la narrativa alarmista que rodea a los centros de datos y muestra que el impacto de la IA, visto a escala país, es mucho más reducido de lo que se pensaba.
Su efecto cambia según la industria
El estudio también encontró algo interesante: la IA no afecta por igual a todos los sectores.
En áreas con alto gasto energético —como transporte o construcción— un leve aumento de productividad puede reflejarse en un pequeño incremento de consumo.
Pero en industrias más ligeras, como servicios, educación o edición, el cambio es prácticamente imperceptible.
Esto demuestra que hablar del “consumo energético de la IA” como si fuera un fenómeno uniforme no tiene sentido: depende del tipo de actividad donde se aplica.
La IA no solo consume energía… también puede ahorrarla
Aunque el estudio no modela estos beneficios directamente, los autores señalan que la IA podría ayudar a:
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Optimizar redes eléctricas.
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Reducir desperdicios en procesos industriales.
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Mejorar la eficiencia de edificios e infraestructuras.
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Administrar mejor la demanda energética.
Es decir, la IA podría reducir más energía de la que consume, especialmente cuando se usa para modernizar sistemas que ya eran ineficientes.
Un tema que requiere mirar más allá del mito
Los investigadores recuerdan que sus datos corresponden a EE. UU. y no pueden aplicarse por igual a países con diferentes matrices energéticas. Aun así, el estudio aporta un dato clave para el debate: la IA, en términos agregados, no representa una amenaza significativa para el clima.
Más bien, podría convertirse en una herramienta útil para la transición hacia tecnologías más sostenibles.
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