El Presupuesto 2026: ¿Qué propone y dónde va?

Por: Julio de Jesús Ramos García 

El gobierno de la México ha presentado su propuesta de presupuesto para 2026, en el que define no sólo en qué se va a gastar sino también cuál será el rumbo económico y social del país. Este documento el Paquete Económico 2026,  revela una narrativa oficial centrada en la inversión social, la prioridad a programas de bienestar y el combate a la desigualdad, pero al mismo tiempo encierra dudas serias sobre su viabilidad, sustentabilidad y real impacto económico.

Mi apuesta es que este presupuesto tiene la intención correcta, pero corre el riesgo de quedar atrapado entre buenas intenciones y realidades estructurales que el país no ha resuelto.

Lo que está bien y algunas señales positivas, es la prioridad social; que el presupuesto coloque salud, educación y programas de bienestar como ejes centrales es una buena señal. Si bien la cuantía aún puede no ser suficiente, el reconocimiento del problema es clave.

Incremento moderado del gasto: En un entorno internacional y doméstico complejo con menor crecimiento global, presiones inflacionarias y retos fiscales que el gasto crezca casi 6 % real indica que no se está cayendo en austeridades extremas que puedan paralizar al país.

Entra la transparencia y fijación de metas, se observa que el documento técnico los Criterios Generales de Política Económica  fija rangos de crecimiento, déficit y deuda, lo cual genera al menos un marco de referencia.

Lo que preocupa, son los riesgos y sombras estructurales; déficit y deuda elevados: Aunque se proyecta una ligera reducción del déficit, este sigue siendo alto (4.1% del PIB) y lejos del promedio histórico (2000-2018 fue alrededor del 2.6% del PIB) según análisis recientes.  Esto significa menor margen de maniobra ante choques externos.

Apreciables lectores no hay que dejar de observar, el costo de la deuda y sobre todo que destinar más de 15 de cada 100 pesos del gasto al servicio de la deuda compromete recursos que podrían ir a inversión productiva o servicios sociales. Esto reduce el “overnight” fiscal para prioridades de desarrollo.

Crecimiento bajo y expectativas optimistas: El gobierno estima crecer entre 1.8% y 2.8% en 2026.  Sin embargo, organismos internacionales prevén tasas más modestas, lo que genera riesgo de que el presupuesto dependa de supuestos demasiado optimistas.

El impacto económico que se perfila, a corto plazo, este presupuesto podría sostener algunos programas sociales y mantener el “piso” de la economía —es decir, evitar un deterioro fuerte del gasto público que paralice los servicios básicos.

En el mediano plazo, los resultados dependerán de la eficiencia del gasto: donde se invierta, cómo se administre y qué resultados produzca. Si el gasto no genera productividad adicional, el efecto sobre el crecimiento seguirá siendo limitado.

También es probable que el endeudamiento adicional o el servicio elevado de la deuda reduzcan el espacio para la inversión privada o para responder a crisis externas (por ejemplo, una recesión de EE.UU., una caída de precios petroleros, etc.).

Este presupuesto no es solo una herramienta técnica: es también un contrato político. Al apostar por programas sociales y priorizar la equidad, el gobierno busca reforzar su legitimidad. Sin embargo, la clave estará en la rendición de cuentas: ¿cómo se evaluará el rendimiento de esos recursos? ¿Qué mecanismos hay para asegurar que los incrementos en educación o salud se traduzcan en mejores resultados y no simplemente en mayor burocracia?

Además, el presupuesto deja expuestas varias tensiones: entre la necesidad de crecimiento y la deuda creciente; entre la inversión social y la inversión productiva; entre la dependencia estatal y la necesidad de fomentar el sector privado.

El Paquete Económico 2026 representa una apuesta con varios aciertos: apuesta social, continuidad instrumentada, y una visión público-social que busca responder a problemas estructurales de México. Pero es también una apuesta cargada de riesgos: crecimiento moderado, deuda elevada, inversión productiva insuficiente y expectativas que podrían no cumplirse.

Mi convicción es que el presupuesto es una herramienta necesaria, pero no suficiente. Sin reformas estructurales en la recaudación, en la inversión privada, en la eficiencia del gasto el impacto real sobre el crecimiento y la reducción de desigualdad será modesto. En 2026 veremos si este ejercicio presupuestario sirve de puente hacia un desarrollo más dinámico o simplemente de parche para mantener el nivel.jul


 

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