Desde el corazón, hacia una paz justa en Colombia

Por: Laura Pinzón


En estos días, alguien me hizo una reflexión acerca de la práctica hawaiana del Ho’ oponopono, la cual consiste en asumir la responsabilidad personal para limpiar emocionalmente aquellas situaciones que nos generan conflicto, a través del perdón y la liberación de las emociones negativas. Aquel sabio aprendizaje, me hizo pensar inmediatamente en nuestra amada Colombia, que durante años ha estado en conflicto, y lo bueno que sería usar esta herramienta como un camino hacia la reconciliación y una paz justa.


Ya todos sabemos las aberraciones que diferentes actores (no me detendré en cuáles) han cometido contra nuestros compatriotas, generando como resultado solamente aspectos negativos: Derramamiento de sangre, dolor, rencor, distanciamiento, división entre ciudadanos, deseos de venganza, etc., lo que ha hecho que ciudadanos (como yo) exijamos paz y sobre todo justicia sin impunidad y con un reconocimiento sincero.


Lo anterior sin duda, puede ser difícil porque a menudo implica asumir responsabilidades por acciones violentas, injustas y perjudiciales para los demás. Además en algunos casos, el reconocimiento de la participación en el conflicto armado interno en Colombia, puede implicar consecuencias legales y sociales. Sin embargo, es necesario pues es un paso obligatorio para la reconciliación y construcción de una paz justa, no podemos continuar viviendo entre ríos de sangre e impunidad; pues, las víctimas del conflicto merecen obtener respuestas sinceras sobre lo que sucedió y quiénes fueron los responsables de los abusos de derechos humanos.


Por tanto, me parece sensato aplicar individualmente como ciudadanos en construcción de nuestra Nación los pasos de la práctica del Ho’ oponopono para sanarnos en el presente y que nuestras generaciones futuras tengan un mejor vivir: Primero, asumir la responsabilidad personal, esto implica saber las consecuencias sociales y legales de las prácticas criminales cometidas; segundo, pedir perdón, a las víctimas y al país; tercero, liberar emociones negativas, en ejercicios sinceros donde se pueda hablar entre las partes; y cuarto, enviar amor y gratitud y, aunque sé que para muchos este punto es muy romántico, ¿no es momento sensato ya de frenar tanto dolor? Ahora bien, aclaro que con esto no quiero enmarcarme en la “política del amor”, “el perdón social” o, buscar “vivir sabroso” como promueve el Gobierno actual, no, pues soy una convencida de que quienes cometieron algún crimen dentro del conflicto armado interno de Colombia, deben pagar con justicia, sean guerrilleros o soldados.


Pero por otro lado, también pretendo que como país avancemos. Hoy, después de tanto tiempo de no escribir y de ver que nuestro país se encuentra en peligro democrático más bien hago un llamado a la unión y al reconocimiento de verdad dentro de los más de cincuenta años de conflicto armado, pues como afirmaba Jean Paul Lederach, “el perdón en la construcción de paz, abrirá puentes entre las partes en conflicto y en la promoción de la justicia y reconciliación”.

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